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Oswaldo Enrique Vásquez Quiñonez

Nació el 16 de septiembre de 1972, desapareció el 16 de mayo de 1998

(Hijo, esposo, hermano, padre, amigo)

 



Testimonio de su familiar[1]:

Hilda Jiménez (esposa):
Osval, así le decía yo, era un hombre moreno y delgado, ni tan alto, ni tan bajo. Tenía los ojos lindos, cafés, rasgados y alegres. Le encantaba jugar fútbol, todos los domingos llegaba del trabajo de pasadita por la casa, se cambiaba y salía ‘pitado’ pa’ las canchas. Jugaba en posición de delantero, era el que hacía los goles. Yo me iba a verlo jugar, era bueno…
En la casa era muy responsable, pero lástima que no alcanzó a conocer a nuestra hija. Tanto para ella como para él habría sido una fortuna estar juntos. Para mí es muy triste, a nuestra hija le arrebataron la posibilidad de tener un padre y a Osval le quitaron la posibilidad de tener a su hija…
Ella se llama Roselia Vásquez y se parece en algunas cosas a su papá, por ejemplo en sus gestos y en el gusto por el futbol. Entre las novelas y el fútbol, ella prefiere ver fútbol en la tele. A veces me pregunta por su papá y yo le hablo de él.. yo creo que ya está un poco más grandecita y puede entenderlo. Por eso siempre me he esforzado en criarla con valores firmes que hagan de ella una persona incapaz de cometer una injusticia.
Era muy trabajador y salsero ante todo, le gustaba mucho la música de Joe Arroyo, era como su ídolo. Y su comida favorita era la lengua sudada o la cola de res, yo se las preparaba y con eso lo encantaba, pero igual no era cansón con la comida y siempre comía lo que había…

Vivencia de los hechos:
Ese 16 de mayo Oswaldo se encontraba en las chachas de tejo del barrio ‘El Campin’, de la comuna 7 de   Barranca, con sus amigos. Yo supe que se lo había llevado el ejército en la noche pero me imaginé que no era nada grave porque él tenía sus papeles en orden y no estaba metido en problemas o cosas raras. Supuse que lo tendrían allá un rato mientras verificaban eso y luego lo dejarían regresar a la casa, además él había prestado servicio militar, entonces yo no me preocupé. De todas formas lo esperé hasta las 3:00 am y luego me fui a dormir…
A las 6:00 a.m. recibí una llamada, me dijeron que era grave, que se habían llevado también a otras personas y que a algunos hombres los habían matado en el camino…
Ahí si me entró la preocupación, no sabía qué hacer y además estaba embarazada en ese momento. De igual manera, me paré, me alisté, llamé a unas amigas y ellas se fueron conmigo para la funeraria en la que estaban los cuerpos de esas personas. Vi, entre ellas, algunas caras conocidas y no lo podía creer… eran muchachos del barrio, pelados sanos, yo no entendía nada, todo era confusión… y mi preocupación era tremenda. Desde entonces no sabemos nada de nuestros seres queridos…

Después, todos los familiares de las víctimas empezamos a darnos cuenta de que la situación era completamente enmarañada… más compleja de lo que creíamos. Y pues lo único que nos queda por esperar es a que se haga justicia y que se sepa la verdad, que se sepa que cometieron una injustcia, aunque eso no nos devuelva a nuestros familiares…

 


[1] Véase en Véase capítulo Oswaldo Enrrique Vásquez Quiñonez. (2008) Sin volver ni haberse ido. A los familiares de las víctimas luego de 10 años de dolor, espera e impunidad.

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