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Jaime Yesid Peña Rodríguez

Jaime Yesid Peña Rodríguez
Nacido el 9 de marzo de 1982

Hijo, hermano, amigo y artista
Testimonio de sus familiares:

Don Jaime (padre):
El 16 de mayo de 1998, hombres armados incursionaron en la comuna 7 de Barrancabermeja, asesinaron a 7 jóvenes y a 25 más los desaparecieron, entre ellos a mi hijo de 16 años.

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Su nombre era Jaime Peña,  como yo. Él practicaba la religión evangélica, como su madre, ambos eran muy ‘compinches’ y tenían mucha afinidad. Estudiaba en el colegio John F. Kennedy y cursaba 9º. Era un chico más bien introvertido, muy aplicado en el estudio, muy poco de amigos y rumba, más bien tímido y callado. Tenía otras facultades que empezaban a despuntar y florecer de su ser: las artes lúdicas. Con un conjunto de muchachos se reunían para organizar coreografías de danza y presentaciones de teatro en algunos sitios de la ciudad. Además mi Dios también le dio la facultad de pintar y dibujar. En la casa conservamos sus pinturas en acuarela, es lo que nos quedo de él, lo que nos dejó y son el tesoro de mi hogar. De no ser por lo sucedido quizá habría sido un gran artista.

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Doña Marlene (madre):
El mundo se perdió de un ser humano increíble y la sociedad de un artista. Fue el cuarto y último de mis hijos, todos varones. Cuando yo quedé embarazada, nosotros estábamos en una situación un poco complicada económicamente. Y por la misma necesidad me vi obligada a comprar tela para hacerle, con mis propias manos, su ropita. Aprendí a hacer paticos y pajaritos bordados en su ropa. Disfruté mi embarazo, a pesar de la situación económica, y yo siento que aprendí a ser más humana, más sensible.
Yo era madre comunitaria en mi casa, cuidaba y alimentaba a niños del barrio. Jaime era mi mano derecha, tenía la facilidad de compartir con otros niños, ayudarlos y cuidarlos, me ayudaba a darles de comer a los más chiquitos, él tendría apenas 10 añitos. Le encantaban los niños pequeñitos. Yo lo veía cuidándolos  con una dulzura y una ternura impresionante. Era muy dado a la gente, con una sensibilidad muy grande.     
En esa época, yo me madrugaba y empezaba a hacer la comida para todos los niños desde temprano. Cuidaba a unos 20 o 25 niños en mi casa. Me acuerdo que una vez, Jaime empezó a quitarme unas tajadas para el almuerzo a escondidas, los niños se asomaban y él iba dándoles de a pedacitos a todos, también les tumbaba tamarindos, de un palo de tamarindo que teníamos en la casa… a mí eso me daba una ternura.

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Cuando fue creciendo y entró en la adolescencia le fascinaba participar en eventos y organizarse con las personas. Yo soy cristiana y lo fui impulsando por la fe cristiana practicante. Por eso entró al grupo de jóvenes de la iglesia, con otros niños y niñas formó un grupo teatro que se llamaba “Rescate 21”. Ellos hacían coreografías y obras de teatro y se presentaban en distintas partes de la ciudad, me acuerdo de una, al frente del Cristo petrolero.
A sus 13 años, era un líder pequeño de su grupo y de la comunidad. Todos los sábados por la tarde se encontraban y acordaban la reunión del día domingo a las 3:00 pm. Ese sábado, 16 de mayo, Jaime estaba al frente de la casa con sus amigos de la cuadra planeando la celebración del día de las madres, que tenían organizada, para el día siguiente. 

Don Jaime (padre):
Ese 16 de mayo, aproximadamente a las 9 pm, nos encontrábamos mi mujer, Jaime y yo viendo un programa de televisión, sus tres hermanos mayores se encontraban en Bogotá. Jaime me dijo que iba a salir al ante jardín de la casa con sus amigos de la cuadra. En ese momento yo no me imaginaba lo que estaba ocurriendo en la cancha de fútbol, como a unos 100 metros de mi casa, donde horas antes, como era muy común en la época, la gente había salido a los antejardines de sus casas a jugar Domino, conversar y, los mayores, a tomarse una cerveza, así que lo dejé salir. Ese día, en la cancha del barrio, se estaba realizando un bazar para dar inicio a la celebración del día de las madres y recoger dinero con el fin de comprar un conjunto tamboras para la comunidad. El bazar estaba a un costado de la cancha de Fútbol, unas 250 o 300 personas se encontraban allí celebrando.

A las 9:30 de la noche incursionaron dos camionetas encarpadas 350 y una camioneta platón de doble cabina con unos 20 o 30 hombres fuertemente armados, algunos iban encapuchados y de civiles, otros estaban uniformados como la Fuerza Pública, con la protección de un chaleco antibalas con las siglas del DAS en la espalda. Empezaron a empujar a las personas, a tratarlas con palabras soeces, los pateaban y aporreaban. A un muchacho que tenía el pelo largo lo maltrataron y le cortaron el pelo a machetazos. Otro muchacho se negó a irse con esos hombres, les dijo: ¡Si me van a matar, mátenme aquí de una vez! Y entonces uno de los hombres procedió a degollarlo frente a toda la comunidad asustada.

Mientras sucedía esto afuera, yo me encontraba en mi alcoba preparándome para dormir, pero el ladrido de un perro afuera me alerta y me indica que algo no anda bien, así que salgo de mi alcoba a la sala para asomarme por el ventanal de mi casa. Es entonces cuando veo a mi hijo caminando y un hombre uniformado apuntándole con un fusil en su espalda. Yo no entendí muy bien lo que sucedía, pensé que era un policía y que todo se solucionaría si salía y hablaba con él. Jamás me imaginé nada grave, pensé que le estaba pidiendo los papeles o algo así, además, mi hijo era un niño, un menor de edad, un estudiante...
Salí a la calle y a mi hijo ya se lo habían llevado. Vi pasar la camioneta platón con el poco de hombres que iban montados ahí y la seguí, pero cuando llegué a la cancha escuché el grito de alguien: “¡son macetos, son paramilitares, allí degollaron uno!”. En ese momento supe que no se trataba de la Fuerza Pública, que podría llegar a ser muy grave y la angustia fue tremenda.
Corrí hacía donde habían degollado al muchacho, constaté que no era Jaime y regresé corriendo a la casa, desperté a mi señora y le dije: “¡Levántese porque unos hombres se llevaron a Yesid, allí mataron a un muchacho, algo grave está sucediendo!”
Salimos de la casa, yo corrí siguiendo la ruta por la que se había ido la camioneta doble cabina con los hombres armados; corrí unos cien o ciento cincuenta metros y escuché una ráfaga de disparos, ¡qué minutos tan horribles! Un vecino me gritó desde su casa: “¡Vecino, venga para acá que lo van a matar!”.
 Yo entré a su casa y, desde adentro, escuché el grito aterrador de esos hombres afuera: “¡partida de guerrilleros hijueputas, hoy se mueren todos!”

Las camionetas se fueron llevándose a nuestros seres más queridos. Mi señora y yo andamos en un taxi toda la noche buscando a Jaime y buscándolos a todos. Cuando regresé con mi señora al barrio, aproximadamente a la 1:00 am, nos dimos cuenta de la magnitud de la tragedia: las mujeres corrían, lloraban y gritaban ¡mi hijo!, ¡mi esposo!, ¡mi hermano! La gente estaba muy alterada y lastimada. Desde entonces no sabemos nada ni de mi hijo, ni del resto de muchachos y señores que se llevaron ese día. Tampoco tenemos aún sus restos…

Don Jaime:
En mi interior siempre he deseado que Dios me de licencia para poder recorrer el sitio en el que él estuvo, recoger sus restos y entregárselos a la mamá.

El perdón es cuestión de mi Dios y la reconciliación, no es como la han pretendido los victimarios, es un proceso a largo plazo, muy complejo y muy personal, depende de cómo cada quien entienda la vida. Pedirle a una madre que perdone a quien le arrebató a su hijo e hirió a su familia no es así no más, no es fácil. Nosotros sólo exigimos verdad y justicia para sentirnos reparados: queremos la verdad de los hechos y una debida justicia acorde con el delito cometido ¡Esa es, ha sido y seguirá siendo nuestra lucha!  


Don Jaime desde entonces no sólo es un superhéroe para sus hijos y su esposa. También es un  tenaz luchador por las sendas de la verdad, la justicia y la reparación de todas las víctimas de Colombia, un país asediado por la guerra y y violencia. Doña Marlene, muy valiente, tiene una energía espiritual impecable, ella sólo piensa en su hijo como lo mejor que le pudo haber pasado como madre y como mujer. Para ella su espiritualidad es su baluarte…   

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